Por María de Lourdes González
Hace aproximadamente 15 años que me dedico a la actividad docente, llegué aquí de manera fortuita y sólo tenía planeado estar en esto algunos meses; sin embargo por las circunstancias que en aquel momento se me presentaron me sentí obligada cumplir con el ciclo escolar completo.
Comencé dando clases de geometría analítica en una escuela preparatoria particular incorporada a la UNAM y al cabo de algunos meses me percaté que tenía talento para enseñar. Mis clientes así me lo demostraron y digo mis clientes porque me pagaban por hacer ese trabajo.
Al principio me resultó complicado porque los estudiantes creían que yo sabía mucho, pero estaban muy lejos de la realidad; para una profesora novata como lo era en aquel momento prácticamente estaba estudiando todo el día, de todos los días, preparándome para no hacer el ridículo frente a ellos.
Después del reclamo público que me hizo una de las alumnas decidí continuar con la actividad que al principio la tomé como una forma de hacerme de recursos económicos y que no me requiriera mucho tiempo. La realidad es completamente diferente a nivel medio superior, es un trabajo muy difícil, requiere invertirle mucho tiempo y además es mal pagado.
“No tenía derecho a buscar trabajo de maestra mientras encontraba algo mejor, porque y ellos qué”, esas fueron las palabras de una de mis alumnas que me obligaron a cumplir con un compromiso moral con ellos. Después de un año, decidí que este iba a ser mi nuevo oficio. No me aburría y cada grupo era diferente, esa era la ventaja.
Libremente decidí mi oficio, y de la misma forma comprendí la responsabilidad que conlleva; lo que no sabía es que para ejercer este trabajo es necesario profesionalizarse, y reconozco que el fracaso escolar es una consecuencia del fracaso del docente.
Hace aproximadamente 15 años que me dedico a la actividad docente, llegué aquí de manera fortuita y sólo tenía planeado estar en esto algunos meses; sin embargo por las circunstancias que en aquel momento se me presentaron me sentí obligada cumplir con el ciclo escolar completo.
Comencé dando clases de geometría analítica en una escuela preparatoria particular incorporada a la UNAM y al cabo de algunos meses me percaté que tenía talento para enseñar. Mis clientes así me lo demostraron y digo mis clientes porque me pagaban por hacer ese trabajo.
Al principio me resultó complicado porque los estudiantes creían que yo sabía mucho, pero estaban muy lejos de la realidad; para una profesora novata como lo era en aquel momento prácticamente estaba estudiando todo el día, de todos los días, preparándome para no hacer el ridículo frente a ellos.
Después del reclamo público que me hizo una de las alumnas decidí continuar con la actividad que al principio la tomé como una forma de hacerme de recursos económicos y que no me requiriera mucho tiempo. La realidad es completamente diferente a nivel medio superior, es un trabajo muy difícil, requiere invertirle mucho tiempo y además es mal pagado.
“No tenía derecho a buscar trabajo de maestra mientras encontraba algo mejor, porque y ellos qué”, esas fueron las palabras de una de mis alumnas que me obligaron a cumplir con un compromiso moral con ellos. Después de un año, decidí que este iba a ser mi nuevo oficio. No me aburría y cada grupo era diferente, esa era la ventaja.
Libremente decidí mi oficio, y de la misma forma comprendí la responsabilidad que conlleva; lo que no sabía es que para ejercer este trabajo es necesario profesionalizarse, y reconozco que el fracaso escolar es una consecuencia del fracaso del docente.