Por María de Lourdes González
Para dar cumplimiento a las exigencias de la nueva reforma educativa, el proceso de enseñanza ya no puede seguir siendo por ensayo y error, el docente debe dominar de inicio las técnicas básicas de comunicación y comprender que la esencia de este trabajo es estar al servicio del aprendizaje de los alumnos.
Dice José Manuel Esteve (2003) que “se aprende a ser profesor por ensayo y por error”; así es como aprendimos la mayoría de los profesores que no tuvimos un entrenamiento previo para ejercer el oficio de ser docente; aunque durante ese período de entrenamiento, el error sí tiene consecuencias, muchos muchachos que pasan por nuestras manos quedan en la ignorancia por no haber sabido comunicarnos de una forma efectiva.
Es verdad que con el tiempo vamos modificando nuestra forma de enseñar, apuntalando lo que funciona, buscando formas de comunicación distintas a las convencionales pero en el camino vamos dejando la huella del buen profesor o pésimo profesor porque nuestros experimentos funcionaron algunas veces.
Ahora que curso la especialidad en competencias docentes, después de reflexionar sobre la responsabilidad que implica el magisterio y sobre todo el significado que le da el Doctor Esteve (2003) “dedicar la propia vida a pensar y sentir y a hacer pensar y sentir, ambas cosas juntas”, me resulta urgente el desarrollo de las competencias básicas que un docente debe tener para lograr el propósito del magisterio: aprender para enseñar a aprender.
Desde que me inicié como docente, tuve la consciencia de que el objetivo de enseñar va encaminado a “rescatar para nuestros alumnos, de entre la maraña de la ciencia y la cultura, el sentido de lo fundamental permitiéndoles entenderse a sí mismos y explicar el mundo que les rodea” Esteve, J.M. (2003), induciéndolos a pensar y a normarse un criterio propio. Pero para que esto ocurra, los docentes debemos mejorar nuestra calidad como personas, ya que nuestra cultura y comportamiento también forman parte de las sesiones de aprendizaje.
La renovación constante debería ser nuestra filosofía y forma de vida, algo que nos rescate del aburrimiento para darle al magisterio el valor humano que tiene. Somos los transmisores del legado cultural de la humanidad, de los formadores de futuros profesores, de padres de familia o de gobernantes inclusive y al igual que el Doctor Esteve, cuando me alcance el tiempo, quiero decir con orgullo que hice lo que tenía que hacer, contribuyendo a la formación de las generaciones futuras, transmitiéndoles los valores del conocimiento.
Para dar cumplimiento a las exigencias de la nueva reforma educativa, el proceso de enseñanza ya no puede seguir siendo por ensayo y error, el docente debe dominar de inicio las técnicas básicas de comunicación y comprender que la esencia de este trabajo es estar al servicio del aprendizaje de los alumnos.
Dice José Manuel Esteve (2003) que “se aprende a ser profesor por ensayo y por error”; así es como aprendimos la mayoría de los profesores que no tuvimos un entrenamiento previo para ejercer el oficio de ser docente; aunque durante ese período de entrenamiento, el error sí tiene consecuencias, muchos muchachos que pasan por nuestras manos quedan en la ignorancia por no haber sabido comunicarnos de una forma efectiva.
Es verdad que con el tiempo vamos modificando nuestra forma de enseñar, apuntalando lo que funciona, buscando formas de comunicación distintas a las convencionales pero en el camino vamos dejando la huella del buen profesor o pésimo profesor porque nuestros experimentos funcionaron algunas veces.
Ahora que curso la especialidad en competencias docentes, después de reflexionar sobre la responsabilidad que implica el magisterio y sobre todo el significado que le da el Doctor Esteve (2003) “dedicar la propia vida a pensar y sentir y a hacer pensar y sentir, ambas cosas juntas”, me resulta urgente el desarrollo de las competencias básicas que un docente debe tener para lograr el propósito del magisterio: aprender para enseñar a aprender.
Desde que me inicié como docente, tuve la consciencia de que el objetivo de enseñar va encaminado a “rescatar para nuestros alumnos, de entre la maraña de la ciencia y la cultura, el sentido de lo fundamental permitiéndoles entenderse a sí mismos y explicar el mundo que les rodea” Esteve, J.M. (2003), induciéndolos a pensar y a normarse un criterio propio. Pero para que esto ocurra, los docentes debemos mejorar nuestra calidad como personas, ya que nuestra cultura y comportamiento también forman parte de las sesiones de aprendizaje.
La renovación constante debería ser nuestra filosofía y forma de vida, algo que nos rescate del aburrimiento para darle al magisterio el valor humano que tiene. Somos los transmisores del legado cultural de la humanidad, de los formadores de futuros profesores, de padres de familia o de gobernantes inclusive y al igual que el Doctor Esteve, cuando me alcance el tiempo, quiero decir con orgullo que hice lo que tenía que hacer, contribuyendo a la formación de las generaciones futuras, transmitiéndoles los valores del conocimiento.
Lulú, compartu tu planteamiento. Nosotros aprendemos a ser docentes por ensayo-error. La experiencia hace al maestro, para mejorar debemos actualizarnos permanentemente, como en este curso.
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